He recibido un Monitorio.

¿Qué debo hacer ante una reclamación de deuda a través de una demanda de Juicio Monitorio?.

Me reclaman una deuda

Hay un plazo para poder oponernos o contestar a la reclamación. Por eso es importante consultar cuanto antes con un abogado especialista. La primera consulta no tiene coste.

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    Saber lo que hacer en cada situación.

    1º.- Analizar si hay que pagar o no.

    Qué debo y a quién debo

    Lo primero que hay que hacer, es examinar la documentación de la demanda de juicio monitorio recibida. La prioridad es saber si la reclamación que hemos recibido por una supuesta deuda, está justificada.

    En ocasiones, existen motivos que pueden justificar la negativa al pago de una deuda. Ocurre con frecuencia, que las deudas nacen de alguna contraprestación o intercambio. Puede que alguna de las partes del contrato o acuerdo, no haya cumplido con sus obligaciones o lo haya hecho a medias. Habrá que analizar en este caso, si el incumplimiento supone o no un motivo para justificar el impago.

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    Situaciones con las que nos podemos encontrar en un juicio Monitorio.

    • La tienda donde he comprado un producto a plazos, me lo ha entregado defectuoso y me ha puesto un Monitorio. ¿He de continuar pagando?. Depende. Puede que sin saberlo, la compra a plazos, la hayas realizado a través de una financiera ajena al vendedor. En estos casos, hay que analizar bien el contrato que hayas firmado para ver cuáles son las posibilidades reales.

    Otros casos habituales en la reclamación de deuda por juicio Monitorio.

    • El servicio que me han prestado es incompleto o no se ajusta con lo pactado.
    • He realizado una compra por internet y me he arrepentido.
    • Me reclaman unas cantidades muy distintas a las que habíamos acordado.
    • Di de baja el servicio y han continuado cobrándome.
    • Mi deuda se ha generado por culpa de una tercera persona.

    2º.- Ver si puedo pagar o no.

    Si no pago

    Una vez hayamos aclarado la realidad y la cantidad correcta de la deuda que deberíamos pagar, el siguiente paso es saber si podemos pagarla.

    Aunque una deuda se reconozca, eso no significa que pueda pagarse o incluso que pueda hacerse en condiciones razonables. Existen varias situaciones de solvencia y cada una con solución legal:

    • Puede que nuestra situación económica nos impida hacer un solo pago.
    • También puede ocurrir que podamos pagar, pero a costa de malvivir.
    • Otra opción consiste en que podamos pagar en condiciones razonables pero a plazos.
    • El último escenario consiste en que tengamos suficiente patrimonio como para pagar la deuda.

    Cada una de estas situaciones, tiene un tratamiento legal diferenciado. Eso supone que el deudor, tiene también derechos en función de cual sea su solvencia. Por ello, la negociación para el pago de la deuda a realizar con el acreedor, debe adaptarse a cada situación.

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    3º.- Negociar la deuda.

    Negociar deuda

    La parte más importante del procedimiento Monitorio, normalmente es la negociación. Lo es, por una sencilla razón; tanto el deudor como el acreedor, son conocedores de los límites y obligaciones que la Ley establece. A su vez, ambos son conscientes o pueden serlo, de las posibilidades “reales” o al menos “oficiales” de pago del deudor.

    Antes de celebrar el juicio Monitorio, tanto el acreedor como el deudor, tenderán a coincidir en el planteamiento de una solución amistosa. Lo que les llevará a un acuerdo amistoso, será la correcta interpretación de las posibilidades de cobro o pago de cada uno, respectivamente. 

    No puedo hacer ni un solo pago.

    En este supuesto, el acreedor, deberá intentar cobrar “algo”, por poco que sea, renunciando a cambio a reclamar más. También deberá facilitar cualquier modalidad de pago que pueda asumir el deudor. De lo contrario, no cobrará absolutamente nada. El que nada tiene, no está obligado a dar nada. Renunciar al juicio monitorio, debería ser por tanto una exigencia por parte del deudor. Especialmente cuando paga a sabiendas de no estar obligado a hacerlo.

    Normalmente, una persona que no dispone de ingresos regulares y vive de ayudas, es difícil que se reincorpore al mercado laboral. Mucho más improbable es que tenga ingresos hasta el punto de ser lo suficientemente solvente como para poder y tener que afrontar la deuda.

    Puedo pagar, pero a costa de malvivir.

    Una situación similar a la anterior, es la que se da en los casos de poder pagar, pero a costa de malvivir para llegar a final de mes.

    La ley establece límites de embargabilidad en relación a los ingresos del deudor. Eso implica que independientemente de la deuda, la obligación de pago se va a limitar a un importe que garantice la correcta subsistencia del deudor.

    Se trata de establecer un sistema de prioridades, donde la Ley considera más importante que una persona deudora pueda subsistir económicamente en condiciones dignas. Por eso, el derecho a cobrar de cualquier acreedor, pasa a un segundo plano y deja de ser prioritario. La consecuencia de todo ello, es que el deudor conservará los ingresos necesarios para vivir correctamente. Los acreedores por su parte, solamente podrán cobrar de los ingresos que superen ese mínimo considerado necesario por la Ley.

    Por eso, la persona que malvive pagando, seguramente es porque paga por encima de lo que la Ley le exige en términos de embargabilidad. Eso hace recomendable al acreedor, rebajar sus pretensiones de cobro y aceptar de nuevo cualquier importe  y cualquier plazo que el deudor le ofrezca. De un deudor sin patrimonio y sin ingresos que superen el salario mínimo interprofesional, el acreedor no podría cobrar nada.

    Necesito que me den facilidades para poder pagar.

    Esta es tal vez una de las situaciones más frecuentes en las negociaciones de juicios Monitorios. Normalmente, el deudor que reconoce su deuda, no se niega a pagar, pero necesita ayuda y comprensión para poder hacerlo.

    La negociación de las condiciones para que el deudor pueda atender los nuevos pagos, deben ser realistas. De nuevo, el mejor modelo sobre el que podemos fijarnos, es el límite de esfuerzo que la Ley establece.

    Por ello, el marco de negociación, debe considerar como primera opción, la cantidad que supere el límite de embargabilidad. De esta forma, el deudor podrá destinar todo lo que le “sobra” para poder ir reduciendo la deuda. Lo más importante, es que lo podrá hacer sin poner en riesgo su calidad de vida.

    Un buen acuerdo tanto para el deudor como para el acreedor, es aquél que se puede cumplir. De nada sirve apretar al deudor para que pague más de lo que puede. Si el pacto sobrepasa las posibilidades del deudor, dejará de pagar y tampoco se le podrá reclamar más allá del límite legal establecido.

    Tengo suficiente patrimonio como para pagar la deuda sin problemas.

    Cuando el problema no es la insolvencia ni el desacuerdo con la deuda, normalmente, lo recomendable es atender el pago. Sin embargo, acudir al juzgado para reclamar una deuda a través de un juicio Monitorio es pesado y costoso. Siempre será mucho más recomendable para el acreedor, rebajar un poco sus pretensiones a cambio de cobrar antes y seguramente mejor. 

    Nunca se sabe si el deudor puede convertirse en insolvente a lo largo del proceso de juicio Monitorio y en su caso de Ejecución.

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    4º.- Paralizar la reclamación.

    Cuánto debo

    Está claro que no siempre se llega a un acuerdo antes del juicio Monitorio. A veces, ni siquiera se inician conversaciones entre el deudor y el acreedor. Es el fracaso de la negociación.

    Una situación de insolvencia parcial o total del deudor, a quien más puede perjudicar es al acreedor. La Ley establece mecanismos de protección para el deudor insolvente. El primero de ellos, es la posibilidad de paralizar los juicios Monitorios o cualquier otro de reclamación de cantidad.

    El deudor que se encuentra en una situación de insolvencia general, podrá pedir ayuda judicial. El juez acordará detener todos los procesos mientras dura el proceso de negociación. Eso no solamente facilitará las negociaciones, sino que dará similares posibilidades de cobro a todos los acreedores.

    La importancia que la Ley da a la negociación, no termina aquí. Si los deudores se niegan a negociar o no se alcanza un acuerdo, las consecuencias legales son el perdón de todas las deudas.

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    5º.- Solicitar el perdón judicial de la deuda.

    Perdón de las deudas

    Si los acreedores se niegan a negociar o no se consigue un plan de pagos adecuado, se puede pedir el perdón de las deudas.

    Esta es la consecuencia final que la Ley prevé para el caso de que fallen todos los intentos para alcanzar un acuerdo de pago. Sin duda, durante el trámite para la obtención del perdón de la deuda, también quedan paralizados todos los procesos de reclamación. Todo ello se tramita a través de la solicitud por parte del deudor, de un concurso voluntario de acreedores.

    Una vez terminado el proceso concursal, la deuda se habrá extinguido y el proceso de reclamación se deberá cerrar.

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